23 marzo, 2005

Por qué este nombre


Nací y crecí, como muchos chilenos, en un hogar mestizo. Mis padres, chilenos ambos, eran hijos de inmigrantes. De Bolivia procedían mis dos abuelos paternos; de Licantén, Curicó, mi abuela materna, y del lejano Cantón, China, mi abuelo materno. No obstante ser profunda y típicamente chilenos, siempre nos gustó el toque especial y único que significa ser Lilayú, un apellido chino de tres sílabas que en otra ocasión explicaré en detalle. En mi casa se comían cosas que en otros hogares eran una rareza: pepinos de ensalada agridulces, tallarines a la oriental y sopa de lechuga, por nombrar algunas excentricidades. La comida china, por cierto, se comía siempre con palitos, y mi papá para no ser menos, comía su cazuela con cuchara de loza. Incluso la llevaba en su bolsillo cuando iba a comer afuera, porque decía que conservaba la sopa caliente como ninguna.
Teníamos nana puertas adentro. Y era de mucha confianza. Tanta, que una vez se rió de todos nosotros cuando mi mamá puso los palitos en la mesa para servirnos el “saltado” o chapsuey que ella había preparado. “¡Se creen chinos”, nos dijo la Maggi, y nos dejó a todos de una pieza. Tamaña insolencia nunca fue sancionada, y menos rebatida. De vez en cuando nos acordamos entre risas, aceptando la aguda observación de quien nosotros apodábamos “Brujilda”.

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